Si te gusta respirar, seguramente también te gusten los purificadores de aire. Tampoco es el argumento de venta más complicado del mundo. En mi caso, empecé a interesarme mucho más por el aire limpio cuando mis conejos hicieron que respirar dentro de casa dejara de resultar tan agradable. Notaba aquella sensación áspera al respirar y quería ponerle remedio.
Philips era una elección bastante evidente para mí. He tenido muchos productos de la marca y siempre me han convencido por su fiabilidad y calidad. Después de investigar un poco, elegí el relativamente económico 600 Series AC0650/20. De hecho, compré dos para conseguir una mejor cobertura por toda la casa. Por desgracia, es el primer producto de Philips del que puedo decir sinceramente que me ha decepcionado.

¿Realmente limpia el aire?
Sí. Y precisamente por eso esta opinión resulta tan frustrante. Antes de comprar un purificador, es fácil pensar que no es más que un ventilador venido a más: un cilindro de plástico lleno de agujeros, con un filtro dentro y un motor que hace pasar el aire. No es del todo falso, pero se queda muy corto a la hora de explicar la diferencia que puede marcar.
Con el 600 Series en marcha, noté de verdad una mejoría al respirar. El aire parecía más fresco, casi como si hubiera traído al interior un poquito de ese aire tan agradable de fuera, y la sensación áspera que me había llevado a comprarlo disminuyó considerablemente. No digo que haya realizado un experimento científico. Lo que digo es que, en mi casa, podía notar la diferencia, y era considerable.
Philips anuncia para el AC0650/20 una tasa de suministro de aire limpio (CADR) de 170 m³/h. Sea cual sea tu opinión sobre esa cifra, mi queja no tiene nada que ver con su capacidad para limpiar el aire. Incluso este modelo básico y más económico cumple muy bien su función principal.
Tres velocidades, una aplicación decente y un cilindro bastante grande
Tiene tres velocidades de ventilador: Sleep, Medium y Turbo. Sleep es lo bastante silenciosa como para que pueda dormir con el purificador cerca, aunque no le vendría mal hacer un poco menos de ruido. Medium no me molesta en absoluto mientras veo la televisión. Turbo, en cambio, es realmente ruidosa. Mueve mucho aire, sí, pero no te deja olvidarte de que está funcionando. Aun así, me viene bien cuando paso el aspirador o limpio, porque es precisamente cuando levanto todo ese polvo que prefiero que se encargue de recoger el purificador.
El aparato en sí resulta bastante básico y transmite una sensación de plástico por todas partes. No diría que sea especialmente prémium. Y aunque Philips lo describa como un purificador compacto, sobre una mesilla de noche es un trasto enorme. Ahí es donde quería colocar uno al principio, pero ocupa mucho más espacio del que me gustaría.
Siendo justos, los purificadores necesitan cierto tamaño para funcionar bien. Hace falta una superficie de filtrado suficiente para que circule el aire. Si fuera diminuto, habría que hacer pasar muchísimo aire por un filtro mucho más pequeño. Así que entiendo por qué tiene estas dimensiones. Otra cosa es que deje de parecerme enorme cada vez que intento encontrarle un sitio.
También se nota que es la versión más recortada cuando miras la parte inferior. Philips ha dejado moldeados en la carcasa los huecos para las patas de goma, pero las patas en sí brillan por su ausencia. ¿Para qué poner algo entre el purificador y el mueble que amortigüe las vibraciones, si puedes dejar los huecos vacíos y permitir que se transmitan directamente? Es como comprar el acabado más básico de un coche y encontrarte un salpicadero lleno de tapas en los huecos de los botones, cada una recordándote el equipamiento por el que no has pagado. Qué maravilla.

Por suerte, la aplicación Philips Air+ está bastante bien. Me permite controlar la velocidad a distancia, encender y apagar el purificador, establecer horarios y recibir recordatorios para limpiar o sustituir el filtro. Los horarios vienen especialmente bien en este modelo porque no tiene un sensor de calidad del aire que ajuste automáticamente la velocidad del ventilador. Al menos puedo programarlo para que funcione más silenciosamente a unas horas y con más potencia a otras. Pero hay una pega enorme.
¡Los malditos pitidos!
Y aquí llegamos al motivo por el que no compraría otro. Este p*to aparato pita. Pulsas un botón y pita. Bip. Lo enciendes o lo apagas y pita. Bip. La aplicación cambia la velocidad según el horario programado y vuelve a pitar. Bip. No solo cuando estás ahí trasteando con él, sino también cuando se supone que debería limitarse a hacer tranquilamente su trabajo. Bip. ¿Te atreves a mirarlo un poco raro? Bip. Vale, lo último es una exageración, pero el resto no. Parece que cada cambio de velocidad, manual o programado, necesita su propio anuncio. Bip.
En un dormitorio, esto es absolutamente desesperante. Bip. El ventilador puede ser lo bastante silencioso como para dormir a su lado y, aun así, el purificador insiste en anunciar un cambio programado como si toda la habitación tuviera que participar en la decisión. Bip. Me toca los cojones. Bip.
Me puse en contacto con Philips y me confirmaron que no hay ningún ajuste para desactivar los pitidos. Bip. Llegué a plantearme abrir el aparato para quitar o desoldar físicamente el zumbador. Bip. Cuando un electrodoméstico te hace considerar una operación en su placa electrónica solo para poder dormir, es que algo ha salido bastante mal en su diseño. Bip.
Mis dos unidades del 600 Series siguen funcionando en otras partes de la casa, entre ellas el salón y la habitación de los conejos. Bip. Limpian el aire y ya las tengo, así que tampoco voy a fingir que no sirven para nada. Bip. Pero no pensaba comprar una tercera para mi dormitorio. Para eso elegí el Philips 900 Series AC0950/10. (¡Ni un bip!)
Filtros y lo que cuesta mantenerlo en marcha
El 600 utiliza el filtro de recambio Philips FY0611/30. Y desde luego atrapa mucho polvo. Lo sé porque, alguna que otra vez, he sido menos constante de lo que debería a la hora de limpiarlo y, cuando por fin saqué el filtro, me encontré una cantidad de polvo francamente impresionante. Utilicé el aspirador para retirar el polvo acumulado en la superficie exterior. Es una forma bastante convincente de ver todo lo que el purificador va atrapando mientras yo me dedico a otras cosas.
No es un filtro que puedas lavar y seguir utilizando para siempre. Philips indica un intervalo de sustitución de hasta unos doce meses, según el uso y las condiciones, y la aplicación te recuerda que debes limpiarlo mientras tanto. Los recambios individuales de este modelo no son demasiado caros, pero siguen siendo un gasto periódico, sobre todo cuando tienes dos purificadores. Aunque, bien pensado, ¿de verdad hay que ponerle precio a poder respirar mejor?

¿Lo recomendaría o volvería a comprarlo?
No a ninguna de las dos cosas. Y no me hace especial ilusión decir eso de Philips, porque mi experiencia con la marca hasta ahora ha sido muy positiva. El 600 Series hace lo que se supone que debe hacer un purificador de aire, y lo hace bien. Mi respiración mejoró, la aplicación funciona bien y las velocidades básicas son perfectamente utilizables.
Pero la construcción parece barata, las patas de goma destacan precisamente porque no están y no hay detección automática de la calidad del aire. Sobre todo, ese pitido completamente innecesario lo arruina para el dormitorio, que era precisamente donde más quería utilizarlo. Podría vivir con las demás concesiones de un modelo más barato, pero no con un ruido imposible de desactivar que echa por tierra la idea de usarlo mientras duermo. Ahorrar quizá un 20–30 % eligiendo el 600 en lugar del Philips 900 Series AC0950/10 no me merece la pena cuando esa diferencia me afecta todos los días.
Si te gusta respirar, tener un purificador de aire es una muy buena idea. El 600 mejoró de verdad el aire de mi casa, pero, si también te gusta dormir, yo dejaría pasar este modelo y gastaría un poco más en el Philips 900 Series AC0950/10. Es lo que hice, y no me arrepiento.